¿Qué es un periodista desplazado?

A diferencia de los refugiados, los periodistas desplazados, no cruzan fronteras internacionales en busca de seguridad y protección, sino que permanecen dentro de su propio país. Sin embargo, en muchas ocasiones, se ven obligados a huir por las mismas razones de los refugiados: conflictos armados, violencia generalizada o violaciones de los derechos humanos. En México cada día se desplazan más de mil cien personas por distintos factores. Para el 2018, se contabilizaron más de 389 personas periodistas, desplazadas junto a sus familias, provocando con ello, el silencio del más del 80% de los municipios en México.

La Asociación Mexicana de Periodistas Desplazados y Agredidos A.C. brindará asesoría y acompañamiento a periodistas con el fin de que la libertad de expresión sea garantizada por el Estado y reconocida por la ciudadanía como un valor importante en la sociedad. Esto se desarrolla promoviendo el fortalecimiento del derecho fundamental a la libertad de expresión desde una perspectiva amplia en entornos análogos y digitales.

Promover la democracia

Cualquiera que sea el sistema político, no será posible tener una representación de los intereses divergentes y de las contradicciones internas si no existen contrapoderes libres. En los regímenes dictatoriales, impedir el trabajo de los periodistas permite el dominio de los órganos del Estado y que unos pocos acaparen la riqueza. En las democracias, el entretenimiento y el control de las intenciones de los ciudadanos a través de retribuciones pueden suscitar una “apatía” política. El periodismo libre es crucial para una democracia “de alta intensidad”.

Favorecer el desarrollo

Cualquiera que sea la doctrina económica con la cual se analicen las elecciones humanas, es evidente que la selección de los actores públicos y privados debe llevarse a cabo basándose en hechos exactos. La libertad de información influye en la transparencia y la eficacia de los mercados públicos y privados, así como en la gestión de los recursos públicos destinados al desarrollo. De ella depende la coherencia de las políticas públicas, la prosperidad de las empresas privadas y, por ende, un crecimiento sostenible, que respete el equilibrio natural y humano.